Parroquia de Nuestra Señora de la Paz en Gandullas

Bienvenidos a la parroquia de Nuestra Señora de la Paz, de la comunidad cristiana de Gandullas y hogar espiritual de quienes viven, trabajan o mantienen sus raíces en este rincón de la Sierra Norte de Madrid. La advocación de Nuestra Señora de la Paz nos recuerda que María acompaña fielmente los pasos de sus hijos en el camino de la fe.

La historia del actual templo dedicado al Apóstol Santiago está profundamente ligada a la capacidad de superación de sus gentes. El edificio primigenio, datado en el siglo XVII, sufrió durante la Guerra Civil española, quedando arrasado en gran parte. Sin embargo, fiel al compromiso de sus habitantes, la iglesia fue levantada de nuevo hacia 1940, recuperando su papel como núcleo espiritual y físico de Gandullas. De aquel templo anterior se salvó milagrosamente una auténtica joya histórica: su «pila de cristianar vasallos», pila bautismal de piedra del siglo XV, testimonio vivo por el que han pasado generaciones de vecinos y que hoy continúa presidiendo los bautizos en la parroquia.

Su muro conserva también el reloj de sol que nos identifica en el escudo municipal que compartimos con Piñuécar. También están en el escudo las cabañas que aluden a nuestros orígenes, como pastores del vecino Buitrago que decidieron asentarse transformando las cabañas de temporada en viviendas permanentes.

La realidad de esta parroquia trasciende con creces los muros de mampostería de la iglesia. La vida comunitaria de Gandullas late al ritmo de una vecindad estrecha, de la memoria oral de sus mayores y del esfuerzo constante por mantener vivo el pueblo. El testimonio de las familias del lugar —que han sabido cuidar celosamente lo pequeño como garantía de futuro— impregna el día a día de sus gentes, convirtiéndola en una verdadera familia extendida donde cada persona cuenta.

El calendario litúrgico y festivo de Gandullas tiene su cénit en torno a la festividad de su patrona, Nuestra Señora de la Paz, celebrada a finales de enero y también a finales de junio para facilitar el encuentro con los hijos migrados. Esta devoción histórica congrega a vecinos, familiares y visitantes en un ambiente de profunda hermandad, marcando el pulso tradicional del invierno y del verano en la sierra con actos de fervor popular, celebraciones religiosas y el calor de la comunidad reunida.