Este domingo celebramos una jornada muy especial. El Domund, el Domingo Mundial de las Misiones, cumple nada menos que 100 años. Un siglo invitando a los cristianos de todo el mundo a mirar más allá de nuestras fronteras, a sentir como propia la vida de la Iglesia universal y a sostener la labor de los misioneros con nuestra oración y nuestra ayuda económica.
El lema de este año ,«Uno en Cristo, unidos en la misión», nos recuerda una verdad sencilla y hermosa: la misión no es tarea de unos pocos, sino de toda la Iglesia. Aunque no todos podamos viajar a países lejanos o dedicar nuestra vida a la evangelización, todos podemos formar parte de esta gran familia misionera. Unidos a Cristo, estamos unidos también a quienes anuncian el Evangelio en los lugares más remotos y necesitados del mundo.
A lo largo de estos cien años, millones de personas han conocido el amor de Dios gracias al trabajo silencioso y generoso de los misioneros. Ellos acompañan comunidades cristianas, sostienen escuelas, hospitales, orfanatos y numerosos proyectos sociales. Allí donde hay pobreza, enfermedad, soledad o falta de esperanza, muchas veces encontramos a un misionero haciendo presente la cercanía de Cristo.
Este aniversario es también una ocasión para dar gracias. Gracias por tantos hombres y mujeres que han respondido a la llamada de Dios dejando su tierra, su familia y sus seguridades para servir a los demás. Gracias por tantas personas que, generación tras generación, han colaborado con el Domund haciendo posible que la misión continúe. Y gracias también por nuestra propia comunidad parroquial, que cada año se suma con generosidad a esta gran corriente de solidaridad y evangelización.
Queremos recordar que la colecta de todas las misas de este domingo se destina íntegramente a las Obras Misionales Pontificias (OMP), a través de la Delegación de Misiones de la Archidiócesis de Madrid. Estas ayudas se distribuyen entre los territorios de misión de todo el mundo para apoyar las necesidades pastorales, educativas, sanitarias y sociales de las comunidades más vulnerables.
El Domund nos invita a abrir el corazón. Cada oración cuenta. Cada gesto de generosidad cuenta. Cada donativo, por pequeño que parezca, ayuda a que la luz del Evangelio llegue más lejos y a que muchas personas puedan experimentar el amor de Dios. Agradecemos también la presencia entre nosotros de las Misioneras Catequistas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, una bendición para nuestras pequeñas comunidades.
En este año del centenario, hagamos nuestro el lema de la jornada. Seamos una comunidad que vive unida a Cristo y comprometida con la misión. Porque la misión continúa, y nosotros también formamos parte de ella.
