Parroquia de San Andrés Apóstol en La Serna del Monte

Bienvenidos a la parroquia de San Andrés Apóstol, que acompaña desde hace generaciones la vida cristiana de La Serna del Monte. San Andrés fue uno de los primeros discípulos que siguieron a Jesús y llevó a otros hasta Él, convirtiéndose en un patrono cercano para una comunidad pequeña donde la fe se transmite de persona a persona y de familia a familia. Formando parte de nuestra agrupación parroquial en la comarca, este espacio es lugar de encuentro con Dios, oración y fraternidad.

La iglesia de San Andrés Apóstol constituye el principal referente patrimonial y religioso del municipio. Sus orígenes se remontan al siglo XVI, cuando el templo surgió inicialmente como ermita antes de adquirir rango parroquial. Exteriormente destaca por la sobriedad de la arquitectura rural de la Sierra Norte, construida en mampostería de piedra y cubierta de teja a una sola nave, conservando la tradicional espadaña de sus fases antiguas.

Aunque el edificio fue objeto de una profunda remodelación en la segunda mitad del siglo XX que renovó su cubierta, añadió un porche y saneó sus paramentos, en su interior se custodian elementos y esculturas de gran valor devocional. Preside el templo un notable retablo del siglo XVIII con columnas salomónicas que resguarda la talla de su titular, San Andrés, junto a una valiosa imagen de la Virgen con el Niño datada entre los siglos XVI y XVII.

La historia del templo late al ritmo de la vida agrícola y ganadera tradicional del valle del Lozoya, conservando la memoria colectiva de los antiguos pobladores. Las gentes de La Serna forman una comunidad muy unida que se reúne en torno al templo para mantener la cohesión social. Las celebraciones en honor a San Andrés Apóstol, y a San Agustín, patrón del municipio, a finales de noviembre, marcan los momentos de mayor participación vecinal, devoción y reencuentro.

Junto a la Nacional I, en el trayecto de la Cañada Real Segoviana, nos recuerda que aunque nos hayamos asentado o instalado, nuestra vida es de caminantes y peregrinos, porque nuestro verdadero destino es el cielo.